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JAVI RIVERO

Equilibrista onírico

Javi Rivero -- aceptando de buen grado el uso abreviado de su nombre --, es persona de trato fácil, con la cual se hace sencillo entablar una relación abierta y dialogante. En el primer escrito de presentación de su exposición -- en el año 2003 --; comentábamos la singularidad de sus conceptos artísticos y el inviolable sentido intimista del trabajo de este Artista-pintor.

En esta segunda exposición en nuestra Galería de Arte, Javi Rivero   añade, a tantas otras de su larga trayectoria artística, una nueva y definida huella de sus últimos pasos por el quehacer pictórico. Hasta este momento - como parece connatural a la fidelidad temática de su pensamiento -, no ha abandonado la exploración de intrigantes planteamientos ante algunas incógnitas cuestiones humanísticas.

Remitiéndome a su obra, y recordando que en la muestra anterior expresaba de modo mordaz y simbolista las relaciones: hombre – mujer; mundo – sociedad; riqueza – pobreza; soledad – indefensión; incido en la importancia que tiene,  para comprender su intención, que nos remitamos a los títulos de sus realizaciones, ya que cualquiera de ellos podría ser el inspirado comienzo, la clave literaria, o la frase musical con la que pudiera dar comienzo un poema de cualquier naturaleza.  No es preciso devanarse la sesera para comprender que, en estos cuadros,  está representándose el auto satírico y épico de las múltiples situaciones y controversias vitales del ser humano. Los personajes, minimizados en su tamaño respecto al entorno donde figuran inmersos, confrontan los espacios etéreos de un universo astral, o vislumbran serpenteantes caminos hacia un sugerido infinito, recreado o inventado, pero siempre ignoto y misterioso.

En sus cuadros, sitúa  personajes que parecen estar emprendiendo una carrera imposible hacia el vacío de los límites físicos de lo pintado,  tratando de escapar, sin fortuna, de la amenazadora incógnita que se les presenta ante sí o, quizá, intentando eludir el insoslayable viaje a una indefinible  eternidad.

Otros seres, adornados únicamente por su natural desnudez y ausentes de toda coloratura carnal,  se sobreelevan sobre la base colorista de un basamento regular firmemente asentado sobre el pie material del cuadro, o reposan sobre la desarrollada columna de su presumible personalidad, ascendiendo, a caballo de un finísimo soporte, entre una nébula  de sugeridas formas planetarias;  del mismo modo que un pintado funambulista se sostuviera en equilibrio emocional  sobre una acerada filatura.

Lo relatado, en definitiva es, conceptualmente, una mixtura expresiva de lo que se puede vivir de forma tangible y en el ensueño onírico del subconsciente.

Es lugar común en esta exposición - generosamente variado mediante una extensa exhibición en pequeño formato -, la presencia ondulante de formas coloristas que en algunas ocasiones toman forma de caminos de fundida perspectiva  terminal, y en otras parecen duplicarse de forma  sinuosa, mezcladas en escenarios de arena y aire, agua y fuego,  armonizándose en una curvilínea secuencia.

Debemos reseñar la presencia continua de formas circulares, que parecen esquematizar y resumir un punto de energía o de atracción constante al conformar un marco que termina devorando dentro de sí al personaje imaginado.

Es una pintura llena  de irónicos interrogantes, tanto de lenguaje verbal como iconográfico, carentes de agresividad y realizados con una sutil técnica de trasparentes fondos argentados, dorados, irisados y nacarinos, de una inagotable riqueza y variedad.

Javi sabe bien como utilizar sus herramientas:  las manos, la pintura y aquellos elementos y útiles que sirven a su particular y definido objetivo plástico. Al margen de lo narrado y de las formas, el modo de realización es escrupulosamente límpido.

Incansable y fiel, honesto con los principios e ideas que rigen su comportamiento personal y actividad artística, no trata de edulcorar sus cuadros fingidamente, ni de seguir otras tendencias informales que las puramente elaboradas dentro de su meditada intencionalidad y como fruto de sus propias observaciones.   Así, el artista es capaz de colocar, en sorprendente contrapunto, los ambientes más complejos con una figuración extremadamente simplificada, minuciosamente pintada y escueta de color, concretamente:  blanco, negro y gris.

Retomando alegorías a la música y a la poesía, donde, por costumbre estética y sobre una base rítmicamente melodiosa o matizadamente sintáctica, se procura el cenit colocando inteligentemente una nota brillante y aguda, o una palabra particularmente sonora y expresiva, para construir un momento culminante y, quizá, un emotivo final; Javi Rivero nos sorprende situando, como punto focal de su narración pictórica, una figura humana de sobria contextura y simplificada al máximo; creando un contrapunto inesperado y requiriendo del ocasional observador ejercer de balance que alivie las tensiones suscitadas por el contraste de fuerzas derivado  de la presencia del escueto motivo dentro del  policromo fondo donde se acoge.

En resumen, una pintura de altos vuelos intelectivos, realizada con dulzura y extremado cuidado, que llama a su suave contemplación suscitando en el observador una inagotable y  renovada curiosidad. 

Gerardo Fontanes Pérez
Akros Gallery -  Junio de 2008.
Bilbao.

 

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